Y dejo que tus quejas partan mis tímpanos con un brutal pitido, ya que todo ser es creído superior a mí.
Y dejo que el aire oxide mi alma, ya pues no me la merezco, ni todo lo que conlleva con ella.
Y dejo que se desplieguen mis alas, ya que así mi mente podrá volar libre, y saltar su inspiración desde lo más alto, hasta el vacío.
Y reviento por dentro, efecto de una implosión de emociones, que se mezcla como mota de polvo con el ambiente, dándole un toque más seco.
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