Secretos, que amplio este concepto.
Reflexionando te das cuenta que alguien sólo en un cuarto sin nada para entretenerse y con unas copas de más podría igualar a un filósofo donde los haya.
¿Qué puede ser exactamente un secreto?
Algo que esconder, eso no hay que dudarlo, pero, ¿y el motivo?
Pueden llevarnos de una estúpida discusión de quién hizo algo y no salga el "culpable" a el mayor remordimiento de tu vida.
Un remordimiento tan grande que necesites sacarlo, pero a la vez demasiado importante como para confiarselo a alguien.
Puede que vayas por la calle y a cada paso que des oigas "¡Cuéntalo!, ¡Cuéntalo!"
Puede que en ese momento todos fijen sus miradas en ti y pienses "Lo saben"
Puede que alguien te haga una pregunta sobre el tema y reacciones de forma inesperada, cerrandote en banda y huyendo de la conversación.
Y pensando esto vienen a mi cabeza dos razonamientos: ¿Quién no ha tenido nunca un secreto de tal tamaño y emvergadura? Y llevandonos a la segunda questión, ¿qué harías? ¿Entregarte o morir con ello?
La gente podría llamarme excesivo, pero yo me uniría a el montón de millones de personas que morirían con ello, porque mi razonamiento es: "Ya estás jodido tú, ¿porqué contarlo? ¿Para joder a los demás?"
Y este momento podría ser el exacto en el que cumpliría mi objetivo, en el cuál cogería esa bonita escopeta colgada de adorno en la pared, que tu familia nunca supo que era real, y desperdigar tus sesos en la pared de detrás. Pero quizás fuese demasiado bueno, y no tuviese cojones a dejar a todos detrás de mi, quizás fuese la persona número uno que contase este pesar e intentase arreglarlo.
O simplemente fuse el sujeto tres, no muy conocido, el cual haría caso omiso y dejaría que otro lo arreglara.
Y con esto quiero preguntarte, ¿tú cual eres?
miércoles, 7 de julio de 2010
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